Cómo cuidar mi salud me enseñó sobre impuestos

Impuestos
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Durante mucho tiempo pensé que la declaración anual era algo que solo le importaba a contadores, empresas o personas que ganaban millones de pesos al año, algo que cero me competía. Definitivamente, no era “para mí”.

Hasta que un día, algo tan simple como mis lentes cambió esa idea.

Sí, mis lentes. Esos que uso todos los días para ver mejor y, por qué no, también para complementar mi outfit. Descubrí que ese accesorio podía ayudarme a recuperar parte de mi dinero en la declaración anual. Y en ese momento, algo hizo clic.

Lo que comenzó como curiosidad se convirtió en una pequeña misión personal: entender cómo funcionaban los impuestos y qué podía hacer yo con eso.

Fue entonces cuando entendí algo que nadie me había explicado antes: cuidar mi salud física y mental no solo era una inversión en mi bienestar, también podía serlo para mi estabilidad financiera.

Al mismo tiempo, me enfrenté a una realidad muy común: el miedo a los temas fiscales. Porque sí, hablar del SAT intimida. No es un tema del que se hable en la escuela, ni en conversaciones cotidianas. Incluso cuando aprendemos de finanzas personales, solemos enfocarnos en ahorrar, invertir o hacer presupuestos… pero casi nunca en entender nuestros impuestos.

Y, sin embargo, ahí hay una oportunidad enorme.

No soy experta. Sigo aprendiendo y sé que aún me falta mucho por entender. Pero justo por eso quiero compartir lo que a mí me ha funcionado, porque a veces lo único que necesitamos es dar el primer paso.

Antes de empezar, hay una pregunta clave que me ayudó mucho:

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En mi caso, las deducciones personales más importantes incluyen gastos como armazones oftalmológicos, consultas médicas, por ejemplo con mi ginecóloga y endocrinólogo, retenedores dentales e incluso las citas mensuales con mi psicóloga. 

Partiendo de esto (identificar mi contexto) comencé con hábitos muy simples que hicieron toda la diferencia:

  • Entender en qué régimen estoy, así como también cuales son mis responsabilidades y beneficios
  • Pedir factura siempre que aplique, ¡sin pena! aunque te digan que el precio puede cambiar (aunque no deberían…) 
  • Y algo importantísimo: pedir la factura en el momento. No después, no “luego lo hago” y asegurarte que la manden el mes que corresponde.
  • Siempre verificar que mi RFC y mis datos estén correctos en cuanto me mandan la factura, no esperar hasta que pasen meses porque los cambios son casi imposibles con los proveedores.
  • Usar métodos de pago rastreables (tarjeta o transferencia), esto permite llevar mayor control de los gastos y le da certeza al SAT de que fueron deducibles. 
  • No dejar todo para abril, ir revisando y guardando las facturas de cada mes hace mucho más fácil el momento de la declaración anual.

Poco a poco, este cambio me hizo más consciente de mis gastos. Dejé de sentir incomodidad al pedir facturas y empecé a verlas como lo que realmente son: una herramienta.

Cuando hice mi primera declaración, lo confirmé: valía completamente la pena. Especialmente por gastos que ya formaban parte de mi vida, como ir al psicólogo, al dentista, al nutriólogo o al oftalmólogo.

Hoy veo los impuestos desde otro lugar.

Entiendo que no son solo una obligación, también pueden convertirse en una ventaja si sabes cómo usarlos. Y todo empezó con algo tan cotidiano como unos lentes.

Lo que me gustaría que te quedaras de todo esto: deja de pensar que “no vale la pena”. Acércate sin miedo. Nadie nace sabiendo sobre impuestos y no tienes que entenderlo todo de golpe.

Empieza a tu ritmo.

Hoy existen muchísimas herramientas que pueden ayudarte. Y si prefieres algo más cercano, siempre puedes apoyarte en expertos que te guíen en el proceso (como Consulta Clara🗣️). Porque al final, entender tus impuestos también es una forma de cuidar de ti.

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