De Dinero y Equidad: Cuando lo tuyo es mío y lo mío…?

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Cada pareja tiene su receta para la administración de las finanzas, se las dicta el trabajo, el sueldo, la rutina, los horarios. Lo que tendríamos que evitar es que se dicte por una suposición en los roles de género.

Se me ocurrió preguntar a los que ya viven en pareja cómo administran las finanzas en su casa...

La semana pasada en mi juevesitos con amigas llegó B, mujer de veintitantos con una carrera en ascenso, muy indignada. 

B: Acabo de tener un pleito enorme con M (novio), resulta que llegué a la casa y estaba tirado en la cama viendo Netflix.

*mirada confundida de toda la mesa*

B: tipo, imaginen que llegas de trabajar ¡8 horas! y él no se ha movido de donde lo dejaste. Sé que yo asumí mantener la casa mientras sigue estudiando y entiendo que está de vacaciones, pero quiero verlo moverse, buscar opciones para hacer más dinero, lo que sea, me molesta verlo sin hacer nada mientras que yo me la parto trabajando.

Ante la aún confundida mirada de todas en la mesa -pues hasta donde nosotras entendimos el trato desde que se mudaron juntos estaba claro B sería la proveedora mientras que M terminaba la carrera- nuestra amiga siguió justificando su discusión y cerró con un último comentario que no me dejo dormir.

B: pero cuando nos casemos va a saber lo que se siente…

Al siguiente día, en la mesa del comedor de la oficina, se me ocurrió preguntar a los que ya viven en pareja cómo administran las finanzas en su casa. 

La primera reacción de todos fue incomodidad. Después de un largo silencio, el primero que se animó fue A, un compañero Godín que vive con la mamá de su hija y que, aunque no ha firmado ningún contrato, para todo fin práctico está casado desde hace 2 años.

A: Desde que nació mi bebé, G (esposa) y yo nos mudamos juntos y decidimos que todo mi dinero se iría a la casa, la comida, gasolina y otros gastos grandes para mantenernos y que el suyo sería para las necesidades de la niña: pañales, ropa, doctor, etc. Pero lo que yo no entiendo es que G nunca ha querido decirme cuánto gana, mientras yo le entrego casi todo mi sueldo. 

*mirada incrédula de toda la mesa*

A: De verdad, calculo que gana más o menos lo mismo que yo pero no lo sé, ella dice que yo no tengo porque saber y que su dinero es suyo. Además hace poco discutimos porque ella espera que dividamos a partes iguales el trabajo de la casa, cosa con la que estaría de acuerdo, pero cuando a mi se me ocurrió decirle que dividamos igual las obligaciones de los pagos, me dijo muy ofendida que no era justo porque yo tenía la responsabilidad como hombre de mantener a la familia. 

La mesa siguió discutiendo, algunos comentaron que en sus matrimonios funcionaba un presupuesto donde todo se dividía entre dos, otros le recomendaron a A que lo intentarán con porcentajes representativos de cuánto gana cada quién. 

Luego de estas dos conversaciones empecé a preguntarme; ¿Acaso los hombres no sufren también los efectos de la brecha de género financiera?¿Es justo que ellos históricamente carguen con una responsabilidad por decreto y no por elección? ¿Qué pasa con las parejas donde ella gana más? y ¿Por qué ELLOS no están hablando de este tema?

Las desventajas que las mujeres enfrentamos en el mundo laboral son una realidad (y tema para un artículo mucho más extenso), pero sí algunas tienen la oportunidad de no ser parte de la estadística, ya sea ganando igual o incluso más que sus parejas, por qué no asumir un rol más relevante y participar en las finanzas del hogar con igual responsabilidad.

Cada pareja tiene su receta para la administración de las finanzas, se las dicta el trabajo, el sueldo, la rutina, los horarios. Lo que tendríamos que evitar es que se dicte por una suposición en los roles de género. Lo ideal es que exista un entendimiento claro y una comunicación constante con nuestra pareja, porque hablando se entienden las cuentas. 

En mi opinión, un paso importante para sanar nuestra visión del dinero es comprender que la equidad también tiene que ver con asumir mayor compromiso financiero. Tal vez si nosotras dejamos de justificar que el rol de “proveedor” le corresponde a los hombres, ellos dejen de justificar que la educación de los hijos o las tareas del hogar nos corresponde a nosotras…o tal vez no…pero al menos nosotras estaremos siendo fieles a lo que predicamos.

Para quienes quieran saber el final de las historias: B y M hicieron las paces, él consiguió un trabajo de medio tiempo mientras sigue estudiando y la discusión ayudó a abrir la puerta para que ambos hicieran un presupuesto y hablarán de lo que esperan que cada uno aporte en la relación. Por su lado A aceptó tomar más responsabilidades en la casa “para ya no discutir” pero dudo que sus finanzas en pareja mejoren pronto.

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