
Hace días, en una plática con mis amigas, una de ellas contó que probablemente su hermana iba a "dejar de trabajar" para cuidar a sus niños pequeños. Las reacciones de la mesa en general fueron: qué suerte, quiero ser ella, qué a gusto. Yo me quedé pensando: ¿será que de verdad va a "dejar de trabajar"?
En una cultura donde se está reviviendo el modelo de tradwife o esposa tradicional, ese tema da para un artículo completo aparte, creo que una conversación valiosa sería saber qué tanto del modelo económico actual funciona (o ha funcionado) porque las mujeres "dejan de trabajar" o, en la mayoría de los casos, trabajan doble.
Qué es la economía de los cuidados
Empecé a investigar sobre lo que, ahora entiendo, se define como la economía de los cuidados: el conjunto de actividades, trabajo y relaciones enfocadas a las necesidades físicas y emocionales de las personas, especialmente de quienes dependen de otros: niños, personas mayores, enfermas o que viven con alguna discapacidad.
¡Imagínense! De acuerdo con una encuesta realizada por el INEGI, el trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados llegó a un valor económico de 8 billones de pesos en 2024, lo que equivale al 26.3% del Producto Interno Bruto (PIB) de México.
El mismo análisis explica que las mujeres siguen siendo quienes más contribuyen a este trabajo de cuidados no remunerado (obvio), aportando el 72.6% del valor total, mientras que los hombres representan tan solo el 27.4%. O sea que, en promedio, el trabajo no remunerado de cada mujer equivaldría a 82,339 pesos anuales, frente a 34,695 pesos por cada hombre.
Cómo influyen los roles de género
Bajo los roles tradicionales de género, estas labores de cuidados han sido responsabilidad de las mujeres por cientos de años. Lo interesante es que cuando estos roles se empiezan a cuestionar y se motiva a las mujeres a salir al mercado laboral tradicional, no se cuestiona a la par esta responsabilidad silenciosa de cuidar de todo lo demás dentro del hogar.
Nos dijeron que, para romper con los roles de género tradicionales, teníamos que salir y ser exitosas, empoderadas y productivas en el mundo laboral: ser una GirlBoss. Sin embargo, nadie explicó, abogó ni demandó que también era necesario redistribuir las responsabilidades de los cuidados.
Qué podemos hacer para visibilizar este trabajo
Mi siguiente cuestionamiento, ahí en esa mesa donde el café se había vuelto debate, fue: bueno, entonces, ¿qué hacemos? ¿Cómo logramos que la hermana de mi amiga y todas las que están en su lugar, se sientan apoyadas? ¿Cómo hacemos esto visible y repartimos de forma más justa lo que hoy carga casi siempre una sola persona?
No resolví todo en esa mesa, pero sí llegué a algunas ideas para empezar:
🏡 En casa
- Distribuye las tareas domésticas de forma explícita: no esperar a que "alguien lo haga", sino asignar responsabilidades concretas entre todos los miembros de la familia.
- Educa a niños y adolescentes: si tienes hijos, enséñales a cocinar, limpiar, cuidar y organizarse desde pequeños, sin distinción de género.
- Cuestiona el "ayudar": cambia el lenguaje. No se "ayuda" con las tareas del hogar, se comparte la responsabilidad.
👥 En la comunidad
- Haz comunidad: ofrécete a revisar a un adulto mayor cercano, cuidar a los hijos de alguien en una emergencia, preguntar genuinamente cómo está quien cuida.
- Paga justo a quienes cuidan de forma remunerada: si contratas trabajo doméstico, paga por encima del mínimo, con prestaciones y respeto laboral.
- No normalices la sobrecarga ajena: si una amiga está claramente saturada de trabajo de cuidados, dilo y ofrécele ayuda. No lo celebres como un gran logro.
💼 En el trabajo
- Promueve los permisos de paternidad completos, para ambos géneros, no solo para las mujeres.
- Evita juzgar a quien sale temprano por una cita médica de un hijo o para cuidar a un familiar enfermo.
- Pregunta a tus colegas hombres quién cuida a sus hijos cuando hay una reunión hasta tarde o un compromiso fuera del horario laboral.
🗣️ En la cultura
- Cambia el lenguaje: pregunta "¿quién cuida a tus hijos?" en lugar de "¿quién te cuida a tus hijos?". Al agregar el te, estás asumiendo que es una responsabilidad de la mujer.
- Cuestiona los elogios con sesgo: cuando alguien elogie a un hombre por "ayudar mucho", pon tu granito de arena. Eso no es extraordinario, es corresponsabilidad.
- Habla de dinero: si alguien deja su carrera para cuidar, nómbralo como el costo y la aportación económica real que es, con impacto en la autonomía y la trayectoria.
- Reconoce el privilegio: poder redistribuir los cuidados, o que alguien se quede en casa al 100%, no es una opción para todos. En la realidad económica actual, muchos hogares necesitan dos salarios para subsistir, y son las mujeres con menos recursos quienes asumen la mayor carga de cuidados no remunerados, muchas veces a costa de su propio desarrollo profesional y autonomía.
Yo creo que la hermana de mi amiga, como todas las mujeres que dedican sus días a mantener una casa, a cuidar de una familia, a recordar qué falta del súper, cuándo son las citas con el doctor, si hay ropa limpia, entre muchas otras cosas, merecen que su trabajo sea visto, valorado y, ¿por qué no?, remunerado.
Y a todas aquellas que sostienen emocionalmente: que son mediadoras, que planean cumpleaños y citas de juegos; las que se levantan a buscar la cartulina en mitad de la noche; o las que, aunque no tengan hijos, atienden las necesidades de su entorno sin que nadie les diga que ese es su trabajo, ustedes sostienen el mundo y jamás me atrevería a decir que “no trabajan”. Porque sin su trabajo en la economía de los cuidados, el sistema económico que conocemos no podría seguir girando.
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