

Y ninguna tiene que ver con hacer un presupuesto
Debo confesar que antes de empezar a trabajar en un banco nunca me había involucrado con atención en mis finanzas personales. Como muchas otras personas, empecé a tener una relación con el dinero sin siquiera darme cuenta.
Fue hasta que empecé a colaborar con Clara cuando entendí que muchas cosas que aprendí en mi casa, aunque no eran una clase formal de cómo trazar tu flujo de efectivo, en realidad fueron consejos que han ayudado en mi relación con el dinero.
Y claro, una de esas fuentes de sabiduría fue mi mamá. Aunque nunca se sentó a hacer un excel conmigo, sus hábitos han forjado muchas prácticas que aplico en mi vida, y que ahora me topo como consejos financieros en otros lados.
Así que hoy vengo a compartir el legado financiero de mi mamá, pasando estos consejos y cómo aplicarlos, a otras Claras:
01.
Invierte con cabeza en tu closet
Estoy segura que sus mamás también tienen ese saco de piel de los 90s que todavía permanece intacto y seguro se lo han robado más de una vez ¿o soy solo yo?
Mi mamá es un genio para ubicar piezas atemporales y dinámicas para su closet. Y aunque pareciera más consejo de moda, con los años he aprendido que cuando enfocas tu tiempo y dinero en compras inteligentes para tu guardarropa, tu presupuesto para el shopping rinde mucho más.
Ponlo en práctica:
- Escoge prendas con materiales de calidad que te duren a largo plazo, es más sostenible y puedes recuperar la inversión.
- Antes de elegir piensa qué otras cosas de tu closet puedes combinar con esta pieza y para qué tipo de situaciones podrías usarla (luego ese top de lentejuelas puede pasar años colgado sin saber para qué y con qué usarlo).
- Revisa las ofertas de últimas tallas, mi mamá por ejemplo tiene una talla de zapatos super chiquita entonces siempre encontraba joyas a mitad de precio.
- Tómate tu tiempo, no vayas corriendo a comprar algo para “estrenar”, busca con calma cosas que en verdad te sirvan.
02.
Come en casa y ponte creativa
Ya sé que esto suena SUUPER básico pero les prometo que ha sido el mejor hábito que me inculcó mi mamá. Desde su perspectiva probablemente era para asegurar que comiéramos más sano (aún ahora no sé cómo le daba el tiempo), pero todos los días en mi casa había menú en el desayuno, comida y cena. Y eso que no le encanta cocinar 😂
Ponlo en práctica:
- La planeación es clave aquí: dependiendo de qué tan seguido compras el super, tomate el momento para pensar qué vas a comprar y qué vas a preparar con cada cosa.
- Aprovecha TODO: les prometo que muchas veces es cuestión de creatividad para convertir las sobras en un platillo delicioso. Ejemplo; una crema con ese brócoli que se quedó al final del refrigerador o unos taquitos dorados con el pollo desmenuzado que sobró del caldo tlalpeño.
- Busca cosas de temporada y compra local: no siempre tu super de confianza te ofrece la mejor opción, recuerda que lo más fresco siempre está en los mercados pero si no tienes tiempo o acceso fácil a estos espacios puedes comparar calidad/precio en distintas tiendas. Y para las frutas y verduras probablemente encontrarás mejores precios cuando están en temporada.
03.
Emprende aunque sea con miedo
Mi mamá estudió medicina, tuvo su consultorio, también fundó una agencia de enfermería y fue conferencista en diferentes asociaciones. Nunca dejó de buscar nuevas oportunidades, nunca se limitó solo a 1 cosa. Probarnos, aprender y perderle el miedo a aprovechar nuestras habilidades al máximo son lecciones que al final abren camino para generar nuevos ingresos.
Ponlo en práctica:
- Haz una lista con los conocimientos y talentos que podrían convertirse en ingresos adicionales.
- No esperes a tener una maestría en administración para emprender, identifica qué recursos necesitas para probar tu idea de negocio y empieza con el mínimo.
- Aprende y conecta con todas las personas, muchas veces yo no entendía por qué mi mamá iba a una asociación a las 8am a dar una conferencia sin recibir nada a cambio, pero cuando me di cuenta cómo las personas conectaban con lo que les estaba compartiendo entendí que, a veces, esta era recompensa suficiente.
Al final, la educación financiera no siempre llega en libros o cursos. A veces llega en forma de un saco de piel que dura 30 años, de una olla de caldo tlalpeño que rinde dos días, o de una mamá que se levantaba a las 8am para dar una conferencia sin esperar nada a cambio.
Mi mamá nunca me dio una clase de finanzas, pero sin saberlo, me enseñó algo muy valioso: que las mejores decisiones con el dinero no vienen de una fórmula, sino de los hábitos que construyes día a día. Y si tú también tienes a alguien así en tu vida, quizás ya tienes más educación financiera de la que crees.
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